En el último artículo dejamos a
los hippies tratando de hacer realidad su sueño de libertad total en California
en plena década de los 60s. Pero a medida que pasaba el tiempo y más jóvenes se
congregaban en San Francisco se hizo evidente el carácter utópico, y por lo
mismo inviable, del movimiento hippie. El resultado fue que hacia el final de
esa década, para el año 1970, el hipismo terminó por fracturarse en grupos que
marcharon en distintas direcciones. Algunos, desilusionados, tuvieron que
volver al mundo tradicional del estudio o el trabajo. Otros se sumaron a la
nueva corriente del New Age y sus derivadas ocultistas. Aún otros, en un número
nada despreciable, fueron atraídos por la oferta de Iglesias y misiones
evangélicas, tanto en San Francisco como en el resto del país; este grupo se popularizó
en la prensa de la época como los "Jesus people" o "Jesus
freak".
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domingo, 3 de diciembre de 2017
domingo, 19 de noviembre de 2017
Un Catálogo Histórico: de los Hippies a los Hackers
En todo el mundo Silicon Valley encarna
el poder irresistible y casi omnímodo de la tecnología de punta de nuestros días;
pero hace cincuenta años no existía como tal. ¿Cómo explicar este ascenso meteórico
en tan corto tiempo? ¿Y qué importancia tiene esta historia para el mundo
cristiano? Para entender la génesis de Silicon Valley debemos remontarnos a la
posguerra, a la situación que enfrentaba Estados Unidos tras el fin de la
segunda guerra mundial. A partir de ese momento hay cinco factores importantes
a considerar, a saber: la Guerra fría entre Estados Unidos y la Unión
Soviética; el surgimiento de la cibernética; la contracultura de los años
sesenta; las diferencias culturales entre la costa este y oeste de los Estados
Unidos; y el desarrollo de la industria de los computadores.
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domingo, 6 de agosto de 2017
1997-2017. A veinte años de Heavens Gate: vida y muerte de una secta ufológica
26 de marzo de 1997. Alertada
por un llamado anónimo, la policía de San Diego, California, ingresa al rancho
Santa Fe, haciendo un hallazgo espeluznante: 39 personas, 21 mujeres y 18
hombres, yacen muertos en los dormitorios y salas de la amplia casona, ocupada
por entonces por una agrupación conocida como Heavens Gate, la Puerta del
Cielo.
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viernes, 30 de diciembre de 2016
1986-2016. Treinta Años del "Hombre Ardiendo"
"Burning man is Silicon Valley"
El autor de esta tajante y taxativa afirmación es Elon Musk, uno de los
multimillonarios de Silicon Valley y presidente de Space X, la empresa que
pretende llevar adelante nada menos que la colonización privada (sin
intervención estatal) del planeta Marte en las próximas décadas. Así que si queremos
saber qué es Silicon Valley la respuesta está en Burning Man; pero, entonces ¿qué
es Burning Man?
El Festival del Hombre Ardiendo (Burning Man) tuvo un modesto origen en
1986 en Baker Beach, en la costa californiana, cuando un grupo de amigos
decidió coronar su jolgorio quemando una efigie con forma humana en la playa.
Las trabas impuestas por la policía a este tipo de celebración llevó a los amigos
a buscar un nuevo destino donde repetir la fiesta (cremación incluida) sin ser
molestados, destino que hallaron varios kilómetros tierra adentro, en el lecho
seco de un lago prehistórico en Black Rock, en el desierto de Nevada. Allí, por
una semana, se juntaban para celebrar y quemar la famosa figura. Con los años más
y más personas se sumaron a la celebración, a tal punto que nació una nueva localidad,
Black Rock City, una "ciudad-campamento", donde miles de personas se
congregaban por una semana levantando sus tiendas, con el compromiso (ecológico)
de dejar el desierto intacto al terminar la fiesta. Lo que partió con un grupo
de amigos reunió en 2010 a unas cincuenta mil personas y este año la cifra superó
los setenta mil.
Black Rock City es una ciudad muy
especial, pero no sólo porque tenga vida una vez al año (en Septiembre). Todo
el mundo está invitado a Burning Man, con tal que pague su entrada y acepte las
normas del lugar. Lo más importante es participar: quienes asisten sólo a mirar
no son bienvenidos. Y en Burning Man participar significa expresarse, o para
usar un concepto más afín a su público, transformarse, adoptar modos no
convencionales de expresar el ser, el yo. Así, algunos practican el nudismo,
otros pintan sus cuerpos, muchos usan disfraces alucinantes; esta
escenificación se da en medio de una generosa oferta de talleres de todo tipo,
en particular de meditación o prácticas místico-espirituales, yoga, vida
extraterrestre (como investigaciones sobre "reptilianos" y otras
especies alienígenas en la tierra), instalaciones artísticas, viajes a otros
mundos o experimentación sexual ("técnicas de masturbación tántrica",
"masaje sexual sagrado", "fotografía genital" o sexo anal),
entre otras yerbas. Por cierto, aunque se instala un puesto de policía durante
el festival, las drogas circulan entre el público en un ambiente animado por
las más diversas melodías, en especial música electrónica (los alemanes de Kraftwerk
han tocado allí). La expresión libre del sexo queda también al arbitrio de los
participantes: los que deseen pueden experimentar el sexo grupal (orgías), el
intercambio de parejas o las formas de erotización que quieran. En suma, el ethos que anima a Burning Man es el de
total libertad respecto al sexo y las drogas, junto a la invitación a los
"burners" (asistentes) a "jugar".
También la construcción o puesta en escena hace de Black Rock City un
lugar muy especial. La "ciudad" tiene forma de semicírculo y todas
las calles coinciden en su centro, donde está instalado "The Man", la
estatua de figura humana que ahora se eleva sobre los 12 metros y que es
visible desde todos los puntos de la ciudad. Frente a ella se ubica la otra
gran estructura que domina el paisaje: el Templo. Al termino del festival ambas
estructuras serán quemadas, la primera en medio de la alegría de la
muchedumbre, el Templo, por el contrario, en medio del recogimiento y el recuerdo
de los parientes o amigos que han muerto. Sobra decir que estos espectáculos de
multitudes reunidas en torno a grandes hogueras tienen fuertes reminiscencias
de culturas paganas (cómo no pensar en las antiguas ceremonias celtas, o en los
más modernos festivales nazis, por citar algunos ejemplos), muy a tono con el espíritu
neo pagano, de tendencia New Age y New Edge, que anima a buena parte de los
asistentes.
Un detalle no menor de toda esta historia es la composición de la
población que celebra anualmente Burning Man. Si bien los "burners" proceden
de todas partes de Estados Unidos y también del exterior (Black Rock City es
una ciudad cosmopolita) los fundadores originales e "ideólogos" de
esta fiesta son en su mayoría de la bahía de San Francisco y este es un dato no
menor, porque ese fue el epicentro de la contracultura de los 60s, de la
revolución de las flores de los hippies y del centro tecnológico de Silicon
Valley. Precisamente la combinación de geeks,
hackers y hippies que está detrás de la fundación de Silicon Valley es muy
similar a la que dio origen a Burning Man. Pero las similitudes no se quedan ahí,
la disposición liberal frente a las drogas y el sexo - tan manifiestas en
Burning Man - así como el trasfondo semi pagano son recordatorios de lo mucho
que debe Black Rock City a la tecnofilia y tecnopaganismo de San Francisco y en
especial de Silicon Valley. Es cierto que no todos quienes viven y trabajan en
Silicon Valley o en la industria tecnológica de California asisten a Burning
Man o comparten las exóticas creencias o desinhibidas conductas que allí tienen
lugar cada año, pero es muy revelador de la conexión entre ambos lugares el que
muchos de los magnates, genios tecnológicos y trabajadores de Silicon Valley sí
sean convencidos burners que en pequeña escala proyectan en su vida cotidiana el
esoterismo o la libertad sexual y hacia las drogas que se expresan más
abiertamente en Black Rock City. Que la feligresía de esta convocatoria haya
crecido en treinta años desde un puñado de personas a más de setenta mil da una
medida del éxito de Burning Man, que, dicho sea de paso, es además la matriz a
partir de la cual nacerían en las últimas décadas una serie de festivales que
replicaron en todo el mundo más o menos la misma fórmula: esoterismo,
tecnología, sexo, drogas y música electrónica. Cuando asistimos al despliegue triunfal
de la cibercultura y la nueva civilización digital auspiciada por los
multimillonarios de Silicon Valley, la frase de Elon Musk resuena más certera
que nunca: sí, Silicon Valley es Burning Man.
Crédito imagen:
https://www.fest300.com/magazine/Why-This-Years-Burning-Man-Was-So-Challenging
domingo, 13 de noviembre de 2016
Aubrey de Grey, ¿un Matusalén Transhumanista?
Una luenga barba, la clásica
imagen de un profeta bíblico, es la estampa que ha hecho inconfundible a Aubrey
de Grey en los medios. Ahora bien, la asociación es además mucho más llamativa
si se es presidente de la Methuselah Foundation (Fundación Matusalén): de Grey
bien podría pasar por un Matusalén postmoderno, en el sentido más literal de la
expresión, como el lector comprobará en los próximos párrafos.
Nacido en Londres en 1963 (53
años), de Grey estudió en Cambridge (en el famoso Trinity College donde
enseñara Newton), primero como ingeniero informático y más tarde como gerontólogo:
una combinación extraña para muchos, pero que ha sido muy fructífera en su
carrera profesional. Hoy por hoy de Grey goza de fama internacional, al menos
en la comunidad científica y entre aquellos que están familiarizados con
el movimiento por la extensión de la vida humana (en Internet se puede ver su
charla Ted de julio de 2005 que cuenta con más de tres millones de visitas).
Para decirlo en forma muy sencilla, el movimiento por la extensión de la vida
humana plantea que es científica y técnicamente factible, y moralmente
justificado, extender la esperanza de vida de las personas por sobre los
límites actuales (alrededor de los 85 años en los países desarrollados), hasta
los 100 o 120 años o más. Pero ¿qué tanto más? En 2005 de Grey sostenía que con
las terapias adecuadas una persona podría vivir siglos y aunque sus expectativas
se han atenuado un poco en años recientes (se queja de que se avanzaría más
rápido si hubiese más financiamiento) en una entrevista en abril de 2015
afirmaba que había un 80% de probabilidades de que la primera persona que
alcance los mil años ya esté viva. En otra entrevista, consultado nuevamente sobre
las chances de que podamos vivir mil años, el científico contestó: “I don’t know, but I’m working on it. It’s
going to happen, it’s just a question of when. The work I do is simply speeding
up the inevitable” (No sé, pero estoy trabajando en eso. Va a
suceder, es sólo cuestión de cuándo. El trabajo que yo hago es simplemente
acelerar lo inevitable). Ante tales planteamientos no sorprende para nada que
la primera reacción de la comunidad científica haya sido de estupor y
escepticismo, tomando distancia de lo que parecía una idea descabellada. Pero
poco a poco algunos colegas se han mostrado más receptivos a su heterodoxa
visión sobre el envejecimiento, al punto que en vez de loco hoy algunos lo
consideren "visionario". ¿Qué hizo posible este cambio? de Grey tuvo
la fortuna de ser "el hombre adecuado en el momento adecuado".
El transhumanismo es una
ideología o filosofía que surge en el transcurso del siglo XX a partir de
distintas corrientes sociales, políticas, científicas y culturales. El termino
fue acuñado por el biólogo británico Julian Huxley en 1957 y se refería a la
posibilidad de "trascender" la condición (biológica) humana, en lo
que la mayoría de los transhumanistas actuales leen como la creación de una
nueva especie humana - una suerte de humanidad 2.0 por así decirlo - teniendo
presente que el avance tecnológico (nanotecnología, inteligencia artificial,
supercomputadores) hace mucho más probable que los humanos logren potenciar o
superar (upgrade) su realidad biológica histórica. El transhumanismo hecho
raíces en California en los años 1980s y ello explica que Silicon Valley, la
Meca del progreso tecnológico, deviniera en la Tierra Prometida de los
transhumanistas, de hecho buena parte de los magnates de Silicon Valley son
transhumanistas o apoyan esas organizaciones.
En esta atmósfera de fe ciega en
las posibilidades que ofrece la tecnología para potenciar la vida humana, el
proyecto de Aubrey de Grey sobre terapias que permiten extender la vida a
edades hasta ahora inconcebibles ciertamente halló oídos receptivos y
billeteras igualmente dispuestas a desembolsar los recursos necesarios para
alcanzar la meta de una larga y saludable vida. Aubrey de Grey logró
materializar su proyecto porque encontró en Silicon Valley el respaldo
financiero, cultural y social que no hubiese sido posible en ningún otro lugar
del mundo (Peter Thiel está entre sus principales financistas). O como dice de Grey refiriéndose a Silicon valley, "allí es donde está la gente que quiere
cambiar el mundo". Pero la alianza con Silicon Valley abrió
otras dificultades para de Grey. Después de todo los multimillonarios no se
andan con chicas, para ellos 120 años es muy poco, el premio de verdad es vivir
siglos o milenios. Tarde o temprano Aubrey de Grey iba a ver asociado su nombre
con la idea de "inmortalidad", un concepto que lo ha perseguido en
los últimos años y del que ha intentado huir por todos los medios.
“La primera cosa que quiero hacer - decía en
2015 - es estar libre de usar esta palabra inmortalidad, porque es enormemente
dañina, no sólo es equivocada, es dañina... Significa cero riesgo de muerte por
cualquier causa - mientras que yo trabajo en una particular causa de muerte, a
saber, envejecimiento. Además es una distracción, lleva a la gente a creer que
todo este asunto es moralmente ambiguo y tecnológicamente fantasioso".
La relación con la muerte y la
inmortalidad es particularmente compleja en el proyecto de de Grey. Si bien de
Grey insiste en que él es sólo un científico que trabaja en una serie de
terapias que permiten solucionar o reparar los siete tipos de daño
identificados como causantes del envejecimiento (mutaciones nucleares causantes
de cáncer, mutaciones mitocondriales, desperdicio intracelular, desperdicio o
basura extracelular, perdida de células, senescencia o envejecimiento celular e
interconexiones extracelulares) y que el envejecimiento es sólo una de las
causas de muerte, lo cierto es que el combate contra el envejecimiento,
retardándolo indefinidamente en el tiempo, llevará en el limite,
indirectamente, a acabar con la muerte. O dicho en otras palabras, como gusta
repetir de Grey, si el envejecimiento es una enfermedad y se puede curar,
entonces la eliminación de la enfermedad llevará a eliminar también su
consecuencia, la muerte. Más aún, en sus charlas de Grey suele repetir a la
audiencia que el fundamento ético de su proyecto radica en combatir algo
"malo", como el envejecimiento y la muerte:
“¿Son tan malos estos riesgos que están por
encima de condenar a 100.000 personas al día a una temprana e innecesaria
muerte?"
Dicho así, salvar la vida
diariamente a 100.000 personas demanda una respuesta positiva al proyecto
de de Grey. En términos darwinianos (de Grey es evolucionista y por cierto no
es un hombre religioso) la evolución nos programó para envejecer y morir, lo
que hay que hacer sencillamente es cambiar el programa... otra vez la
consecuencia lógica de tal cambio es no morir. Así que aunque a de Grey no le
guste la idea, todos sus caminos parecen llevan a la inmortalidad.
Puede que de Grey esté en lo
correcto cuando señala que envejecer y morir es algo malo, después de todo
¿quién no se cuida para vivir saludablemente el mayor tiempo posible o evitar
una muerte dolorosa? Pero, por otro lado, si el envejecer y morir es parte de
lo que nos hace humanos ¿en qué medida eliminar esos procesos nos despoja de
nuestra humanidad? Por este camino no es extraño que los transhumanistas sean
fervientes defensores de los proyectos de de Grey: ellos efectivamente quieren
"trascender" la condición humana, transformarse en otra especie. La
retórica de Aubrey de Grey de salvar de morir cada día a 100.000 personas
podría reescribirse entonces de la siguiente manera: ¿No es bueno que cada día
100.000 personas en lugar de morir se transformen en humanos 2.0?
No deja de haber un trasfondo
profundamente irónico en toda esta historia. Para apreciar la ironía habrá que
recordar que la mayoría de los transhumanistas y sus simpatizantes son
evolucionistas o neo darwinianos, es decir, comparten la noción de que la
tradición bíblica había puesto erróneamente al hombre por encima del reino
animal, una injusticia reparada por Darwin al volver a colocar a los humanos en
la misma historia biológica compartida con el resto de los animales: el orgullo
antropocentrico de la Biblia derrotado por la humildad darwiniana. Bueno, ahora
resulta que los humanos volveremos a un nuevo pedestal, el de la seudo
inmortalidad transhumanista, una condición que, otra vez, nos pone por encima
de cualquier animal. Las vueltas de la vida, del Matusalén que era objeto de
risa para científicos serios pasamos a la Fundación Matusalén que aspira a que (todos)
vivamos siglos o milenios, más que cualquier otra criatura en el planeta o en
la historia. ¿Qué tal?
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miércoles, 12 de octubre de 2016
Larga Vida al Señor Thiel
Peter Andreas Thiel. Es probable que el
nombre no le diga mucho por ahora, pero después de leer los próximos párrafos
seguramente será uno que no le dejará indiferente.
El señor Thiel nació en 1967 en la entonces
Alemania federal (occidental) y en sus primeros años su familia - sus padres y
su hermano Patrick - peregrinaron por varios países hasta establecerse en
Estados Unidos. El joven Thiel se educó en la prestigiosa universidad de
Stanford, una de las más importantes del mundo. Su vida profesional en las
leyes dio paso a una fructífera actividad en los negocios hasta fundar, junto a
un joven inmigrante ucraniano, Max Levchin, la empresa que lo convertiría en
multimillonario: PayPal. Thiel demostró asimismo gran habilidad como
inversionista, anticipando el estallido de la burbuja "punto com" en
2000 y colocando inteligentemente su dinero en nuevos emprendimientos de
Internet, siendo quizás su mayor acierto los 500.000 dólares que invirtió en
2004 en un desconocido joven de Harvard de nombre Mark Zuckerberg y un proyecto
llamado Facebook. La nueva crisis de 2008-2010 también afecto a Thiel, quien
perdió varios millones, pero eso no le restó de seguir financiando empresas y
proyectos en campos tan variados como nanotecnología, investigación espacial y
el mercado de los derivados de la marihuana. Lo cierto es que si de negocios se
trata, como apuntaba George Packer en un artículo en el New Yorker en 2011,
"he must be the most successful
technology investor in the world" ("debe ser el más exitoso
inversionista en tecnología en el mundo").
Pero el señor Thiel no es sólo un hombre más
de negocios. En el estrecho mundillo de la selecta élite de los magnates de
Silicon Valley Thiel es considerado algo así como el "filósofo" del
club. Muy temprano, desde sus primeros días de estudiante en Stanford, Thiel se
identificó como "libertario", lo que en el lenguaje político
norteamericano quiere decir un liberal clásico. Para hacerse una idea, entre
sus gustos está Ayn Rand, la ruso-norteamericana considerada por muchos una
extremista de derecha. En "Atlas Shrugged" Rand describe su visión
del futuro del mundo libre como pendiente de una pequeña élite de exitosos
empresarios. Si tenemos presente que desde temprana edad Thiel fue considerado
un niño prodigio y que su inteligencia es reconocida por amigos y enemigos, resulta
comprensible la identificación de Thiel con el llamado de Ayn Rand a los
capitalistas más capaces para salvar al mundo. Y tal parece que lo de súper
héroe se lo tomó en serio, abanderándose públicamente con Donald Trump y siendo
el penúltimo orador en la pasada convención republicana antes del candidato (foto superior).
Una rebeldía más del señor Thiel, habida cuenta que la casi totalidad de sus
pares de Silicon Valley están alineados con Hillary Clinton.
Pero contradicción y rebeldía es lo suyo.
Hijo de padres evangélicos, Thiel se ha reconocido cristiano en algunas
entrevistas, si bien ha tenido dificultades en armonizar esa identidad con el
reconocimiento público de su homosexualidad en años reciente. (He aquí otra
contradicción: ¿un homosexual apoyando al candidato republicano?). Al parecer
halló la solución en la lectura del filósofo, antropólogo y escritor francés
Rene Girard (1923-2007) y sobre todo en su libro "Things Hidden Since the Foundation of the World" (1978),
texto que Thiel leyó en sus años de estudiante ("an intimidating
book") y a partir del cual construyó su propia teología y una heterodoxa
visión del cristianismo.
De vuelta en Silicon Valley, dos palabras
resumen mejor que nada el espíritu del lugar: risk (riesgo) y disruption
(alteración, entendida aquí en un sentido creativo, positivo). A su vez, dos
proyectos ambiciosos encarnan el compromiso de Thiel con ambas ideas.
"Seasteading" es el proyecto que pretende crear islas artificiales en
aguas internacionales que, por estar así libres de la tutela de cualquier
estado nacional, cumpliría el anhelo de crear un estado plenamente libertario,
el tipo de estado soñado por Thiel. Pero el segundo proyecto es por lejos el
más sorprendente de todos: la extensión de la vida. Peter Thiel ha invertido
millones de dólares en jóvenes emprendimientos de científicos y laboratorios
que buscan extender la esperanza de vida. Así, por ejemplo, en 2006
colocó 3.5 millones de dólares en "The Methuselah
Foundation" (Fundación Matusalén), cuyo objetivo es combatir el envejecimiento
y extender la longevidad humana. ¿Hasta cuánto? Las opiniones varían: algunos
creen posible hasta 120 años, otros hablan de 150 años. Pero Thiel es más
ambicioso: lo suyo es la inmortalidad. Si no lo cree vea lo que declaró al
Washington Post el 3 de abril de 2015:
"I've always had
this really strong sense that death was a terrible, terrible thing. Most people
are in some weird mode of denial and acceptance about death, but they both have
the result of making you very passive. I prefer to fight... I think it is
against human nature not to fight death".
"Siempre he tenido este sentimiento
realmente fuerte de que la muerte es algo terrible, terrible. La mayoría de las
personas están en algún extraño modo de negación y aceptación acerca de la
muerte, pero ambos tienen el resultado de hacernos muy pasivos. Yo prefiero
luchar... Creo que es contrario a la naturaleza humana no combatir a la
muerte".
Luchar aquí significa vencer, sobreponerse a
la muerte, o sea, no morir. ¿Ciencia ficción? Es verdad que Thiel es un gran
aficionado a las historias fantásticas y a la ciencia ficción: ha bautizado
varias de sus empresas (Palantir, por ejemplo) a partir de nombres de "El
Señor de los Anillos", uno de sus libros predilectos desde la infancia.
Pero en esta pasada el magnate habla en serio: el señor Thiel no quiere morir.
O cuando menos espera que la ciencia y la tecnología le ayuden a llegar a la
edad de Moisés, unos 120 años para empezar. Para tal fin consume pastillas que
retardan el envejecimiento de los huesos y planea probar la promisoria
(¿riesgosa?) técnica de parabiosis, es decir, inyectarse sangre de gente joven
que supuestamente ayudaría a regenerar células y rejuvenecer, o así al menos
indican pruebas hechas con ratones en laboratorio. Si todo eso falla apuesta a
que la crioconservacion preserve su cuerpo hasta que pueda ser descongelado en
el futuro.
Como se ha repetido tantas veces, la realidad suele superar a la
ficción. Lo que suponíamos un reducto de la entretención cinematográfica o algo
propio de la imaginación folclórica o del mundo de las leyendas, la
inmortalidad humana, ahora es parte de la agenda actual. Quizás tanto o más
increíble aún es que quienes están detrás de esa búsqueda, hombres como Peter
Thiel, sean personas educadas y poderosas, los multimillonarios que construyen
la nueva súper civilización digital de Silicon Valley. Tampoco deja de ser toda
una ironía que Matusalén, epítome de los patriarcas bíblicos de larga vida que
la ciencia consideraba cuentos de hadas, ahora preste su nombre a una de esas
iniciativas que, ciencia y tecnología mediante, promete hacernos vivir por
siglos (o milenios). ¿Vencer a la muerte? ¿Vivir para siempre? ¿Inmortalidad
terrenal? Tal vez, el día que, como sucede a todos los humanos, Peter Thiel finalmente
se encuentre con la muerte, ésta lo salude con esa vieja y sabia frase: "Y
de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y
después de esto el juicio". Hebreos 9:27.
Crédito imagen:
http://www.nbcnews.com/feature/nbc-out/openly-gay-libertarian-tech-entrepreneur-peter-thiel-speak-rnc-n614191
martes, 31 de mayo de 2016
Diversidad y Anti Protestantismo: el caso de la televisión chilena (II)
Como comentábamos en el último artículo, la reciente
explosión de la homosexualidad en la televisión chilena forma parte de un
reclamo de sectores culturales y políticos del país. El argumento es que
debemos defender la homosexualidad porque representa parte de la “diversidad”
de la nación. Pero como consignábamos entonces, lo que esos sectores entienden
por “diversidad” y su celo por reivindicarla y defenderla resulta sesgado
cuando se compara el trato dado a homosexuales y evangélicos en la pantalla
chilena. En general nuestros
productores, actores, guionistas y directores del arte televisivo funcionan a
la vez bajo un esquema pro homosexual y anti protestante, independientemente de
que sean o no conscientes de ello. Dicho en otras palabras, su concepto de la
diversidad del país es muy generoso con los homosexuales pero hostil con el
mundo evangélico. Se trata de un sesgo que no es exclusivo de la televisión; no
es pura casualidad que en películas recientes – como “Joven y Alocada” (2012) –
la escenificación del mundo evangélico siempre sigue el patrón negativo: los
evangélicos son malas personas. ¿Por qué nuestra elite – ferviente defensora de
la diversidad sexual – es tan hostil a la diversidad religiosa representada por
el protestantismo?
Para responder a estas cuestiones hay que
bucear profundamente en la historia latinoamericana. Y es que el Imperio
Español era una empresa político-religiosa, a la vez hispánica y católica. En
el esquema de los albores del siglo XVI, cuando surge este imperio, eso
significó definir y defender la identidad nacional en términos de la
catolicidad: lo que no es católico no es parte de la comunidad, es ajeno a
ella. Para decirlo simplemente:
Identidad = catolicidad
Esta ecuación fundamental explica la naturaleza
profundamente anti protestante y anti semita del imperio español, pues
evidentemente herejes y judíos estaban fuera de la catolicidad. Se trata de una
ecuación que, detalles más o menos, se ha mantenido firmemente en pie desde la
colonia hasta nuestros días. ¿cómo afecta esta ecuación a nuestra elite
chilena, incluida por cierto nuestra elite artística y cultural?
La elite chilena, su clase dirigente cultural,
política y económica, ha sido forjada en su mayoría por instituciones
eclesiásticas católicas, cuestión que también es herencia de la colonia.
Incluso en los sectores más apartados del catolicismo – el marxismo local por
ejemplo – sus cuadros dirigentes o bien han pasado por la educación católica o
bien entienden el cristianismo en términos del catolicismo. Visto así, no es
extraño que en Chile se pueda ser marxista y católico, capitalista y católico,
sindicalista y católico, homosexual y católico… pero no se puede ser evangélico
y católico. El protestantismo es irreducible al catolicismo. Lo mismo pasa con
el judío. Para que la ecuación de identidad latinoamericana se mantenga en pie
debe asimilarse de alguna manera al catolicismo, pero con religiones extrañas
ese ejercicio no es posible. Por tal razón el evangélico, al igual que el
judío, sigue siendo un alienígena en América Latina, un extraño por definición,
un punto que se escapa a la ecuación de nuestra identidad hispánica y católica.
En cierto sentido, el texto que publicó en 1941 el hoy célebre Alberto Hurtado –
“¿Es chile un país católico?” – es una
vuelta retórica sobre la misma cuestión, casi como si el sacerdote jesuita
preguntara: ¿Es chile un país con identidad? Porque en este esquema perder la
catolicidad es perder la identidad.
La elite cultural y artística de Chile, en este
análisis los productores, directores, actores y guionistas de la televisión y
el cine chilenos, exhiben una extraordinaria empatía por la diversidad sexual
del país (homosexuales), pero un soterrado rechazo hacia la diversidad religiosa
(evangélicos). La raíz de este sesgo y a la vez de su distorsionada comprensión
del término “diversidad” no es sino la recreación una y otra vez, en televisión
y en cine, de un viejo patrón cultural e histórico inculcado en estas tierras
durante los largos siglos de la dominación colonial: el anti protestantismo
español. Así las cosas, tal parece que hoy en día hay diversidad y diversidad,
o será que, como el viejo chiste de que algunos somos más iguales que otros, también algunos somos más diversos que otros.
martes, 29 de marzo de 2016
Diversidad y antiprotestantismo: el caso de la televisión chilena
En los últimos años ha habido
una creciente explosión de relatos homosexuales en la TV chilena.
Específicamente en lo que dice relación con producciones de ficción –
telenovelas – los canales de TV abierta han incorporado guiones y personajes
homosexuales ya sea en roles principales o secundarios, tanto masculinos como
femeninos. En casi todos los casos el personal involucrado – guionistas,
productores, directores, actores – ha reforzado esa puesta en escena con el
discurso de la “diversidad sexual”, es decir, que por medio de esa
representación se quiere contribuir a educar a la población sobre la
importancia de la diversidad sexual y familiar, así como la integración y
aceptación de las “minorías sexuales”. Con este trasfondo se entiende que casi
siempre los personajes homosexuales aparezcan bajo una luz positiva, como
caracteres simpáticos o vulnerables, de modo de atraer el favor de la
audiencia.
Esta tendencia televisiva que,
detalles más o menos, es común a varios países de América latina, es muy
importante precisamente por el argumento de la “diversidad”, esto es, por el
compromiso de la televisión a mostrar respetuosamente a los distintos
integrantes de la sociedad, con el ánimo de valorar la pluralidad moderna.
Visto desde una perspectiva evangélica el asunto no puede ser más llamativo
porque resulta que la diversidad latinoamericana no se agota en el tema sexual,
la diversidad adopta muchas formas, entre ellas también la diversidad
religiosa. ¿Qué sucede con la diversidad religiosa en la TV? ¿Ha abordado la
televisión chilena con el mismo entusiasmo pro homosexual la diversidad
religiosa del país?
Cuando el tema de la diversidad
se extiende más allá de los márgenes de la sexualidad la verdad es que el
asunto se torna mucho más oscuro. La experiencia evangélica es un buen ejemplo.
Así, en lo que se refiere a la cultura religiosa del país, el compromiso de la
TV chilena con la diversidad es casi nulo. Apenas en los últimos tres o cuatro
años algunas producciones han incorporado tímidamente uno que otro personaje
evangélico, pero el trato dado a los mismos resulta muy decidor. ¿Qué pasa
cuando comparamos los roles homosexuales y evangélicos en las telenovelas
chilenas?
En primer lugar, mientras los
personajes homosexuales – como señalamos antes – por lo general apelan a la
simpatía del público, las raras ocasiones en que un personaje evangélico
aparece en pantalla o bien se muestra en un tono neutro, que no genera ni
simpatía ni rechazo, o bien es un personaje abiertamente desagradable que
obviamente no pretende captar el fervor popular. Interesante; a diferencia de
los roles homosexuales, los evangélicos por lo común son seres extraños, ajenos
al chileno promedio.
En segundo lugar, mientras los
personajes homosexuales ocupan lugares protagónicos o secundarios, los roles
evangélicos corresponden a apariciones furtivas con ninguna trascendencia en la
historia central.
En tercer lugar los números
también son reveladores. La población evangélica en Chile ronda entre el 15-18%
de la población del país; los homosexuales afirman constituir entre 6-10%. Es
claro que la minoría evangélica es bastante más numerosa que la homosexual; con
todo, la representación de la homosexualidad supera largamente a la de los
evangélicos.
En cuarto lugar, es interesante
considerar la raigambre histórica de ambas minorías. La presencia evangélica
organizada – iglesias, misiones, escuelas – tiene un poco más de ciento
cincuenta años en Chile (desde mediados del siglo XIX). El movimiento pro
homosexual organizado tiene unas dos décadas en el país. Nuevamente, pese a ser
una minoría mucho más antigua en Chile que la homosexualidad, los evangélicos siguen
mucho más ausentes de la pantalla.
En quinto lugar, la desigual
representación de ambas minorías se extiende a los horarios y cobertura. Los escasos
espacios evangélicos en pantalla normalmente se reducen a los fines de semana y
casi siempre muy temprano en la mañana, cuando la mayoría de la población
duerme o está trabajando. Por el contrario, los horarios en que se escenifica
la homosexualidad por lo general corresponden a “horas punta”, cuando se tiene
la máxima exposición en la teleaudiencia.
En sexto lugar y tan decidor
como lo anterior es la manera como la televisión chilena representa al
cristianismo en pantalla: en casi todos los casos es a través de una parroquia,
un sacerdote o un seminarista católico. Obviamente en el Chile de las
telenovelas no existen iglesias, ni pastores, ni misioneros, ni estudiantes de
teología evangélicos. Cuando se trata de conversar sobre cuestiones “valóricas”
o morales el interlocutor es un cura o una monja, jamás un ministro evangélico.
En este último aspecto la televisión chilena no se diferencia en nada de la
televisión latinoamericana.
Estos pocos hechos deberían
llevar a un observador imparcial a preguntarse sobre el curioso y extraño
concepto de “diversidad” que maneja la televisión chilena; muy generosa con los
homosexuales, tacaña y hostil con los evangélicos. Quizás la primero suene
novedoso para muchos, pero lo segundo es una historia repetida. En el próximo
artículo volveremos sobre las causas de esta asimetría histórica, reconstruida
nuevamente a propósito de la reciente devoción televisiva por la
homosexualidad.
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