Mostrando entradas con la etiqueta Astronomía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Astronomía. Mostrar todas las entradas

domingo, 6 de agosto de 2017

1997-2017. A veinte años de Heavens Gate: vida y muerte de una secta ufológica






26 de marzo de 1997. Alertada por un llamado anónimo, la policía de San Diego, California, ingresa al rancho Santa Fe, haciendo un hallazgo espeluznante: 39 personas, 21 mujeres y 18 hombres, yacen muertos en los dormitorios y salas de la amplia casona, ocupada por entonces por una agrupación conocida como Heavens Gate, la Puerta del Cielo.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Sidus Iulium, política y la estrella de Belén




“Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle”. Mateo 2:1-2

Los investigadores modernos han llamado la atención en las últimas décadas sobre el auge que tuvo el culto de Venus en el periodo que va desde fines de la República hasta comienzos del Imperio, esto es, en el siglo I AC. Siendo aquel un momento crucial en la historia de Roma, la nueva popularidad del culto de Venus debe haber tenido alguna significación especial en los sucesos de aquellos años. “Locos por Venus” podría ser el título de una película que resumiera los últimos cuarenta o cincuenta años de la república romana, cuando Venus se convirtió en el centro de la discordia política de quienes se disputaban los favores de la diosa. Ya el general y dictador Sila había dado los primeros pasos en tal sentido y su ejemplo fue seguido algo después por Pompeyo y Julio César, los dos principales líderes que se disputaban el poder total en Roma. Ambos generales realizaron diversas acciones destinadas a identificarse con la diosa Venus, competencia que se desplegó ampliamente en el espacio público para que el populus romanus tomara conciencia de esa identificación. Nosotros ya conocemos el final de esa intensa competencia política y militar: el 48 AC, en Farsalia, César derrotó a Pompeyo. Poco después Pompeyo moría asesinado en Egipto; César era ahora el único señor de Roma. Como parte de los agradecimientos públicos a la diosa por la victoria militar, César hizo construir un templo a Venus Genetrix en el foro romano, en el mismo corazón político y administrativo de Roma; difícilmente pudiera pensarse en un lugar más público y visible para desplegar la imagen de César junto a la diosa. El nombre del templo tampoco es un detalle menor: César afirmaba con ello que su linaje descendía directamente de la diosa. ¿Por qué Venus era tan importante en la política romana de entonces? Para responder a esta cuestión debemos remontarnos a los vericuetos de la cultura romana impactados por la conquista de Grecia en el siglo II AC. Por aquellos años se había extendido entre la población de Roma la leyenda que enseñaba que los romanos eran descendientes de Eneas, el mitológico príncipe troyano que había escapado de la ciudad destruida por los griegos; a su vez, Eneas mismo era hijo de la diosa, de donde la raza romana se suponía ser la descendencia humana de Venus. César era muy consciente de estas creencias populares - como lo habían sido también Silas y Pompeyo - de modo que explotó políticamente la identidad con la diosa para su propio beneficio. Pero aún siendo descendiente de Venus, César no pudo prever la conjuración senatorial en su contra, la que acabó con su vida en los idus de marzo del 44 AC.

Pocos meses después del asesinato de César, en junio del 44 AC se celebraron en Roma unos juegos para conmemorar su muerte. Entonces ocurrió lo increíble, lo inesperado. Según algunos habría sido justo a la hora del sacrificio, lo cierto es que de pronto un cometa cruzó los cielos de Roma ante la mirada estupefacta de los romanos. Pronto se extendió el rumor: el cometa era un mensaje de los dioses, la manifestación visible de que el alma de César había subido a los cielos. Sí, los romanos acababan de presenciar la apoteosis de César: Julio César ahora era un dios. Octavio, sobrino y heredero político de César, vio en esta situación una oportunidad dorada: la divinización de César sólo podía operar en beneficio político de Octavio. Pronto el Senado publicó el edicto correspondiente: Julio César fue proclamado divus (divino). En la década siguiente a tan prodigiosos sucesos Roma debió enfrentar una nueva guerra civil, pero al final de ella Octavio salió vencedor y convertido ahora en Augusto (“venerable”, según decreto del Senado) renovó la imagen divina de su fallecido tío, agregando a su propio nombre las iniciales DF (divi filius, “hijo de la divinidad”). No contento con templos y estatuas que honraran la divinidad de César, reunió a los mejores escritores de su tiempo, de modo que en las letras se plasmara también el homenaje a Julio César. Así nos encontramos, por ejemplo, con el célebre poeta Horacio, quien se refirió al cometa del año 44 como sidus Iulium (“la estrella de Julio”). Pero el resultado más contundente de este esfuerzo literario provendría de la mano de otro poeta: Virgilio. En el 29 AC Augusto encargó a Virgilio la composición de una obra épica que exaltara la nueva era que se iniciaba con el gobierno del Princeps; durante los próximos diez años Virgilio trabajó en la composición de La Eneida, su obra cumbre, la que terminó poco antes de morir, en el 19 AC. Como su nombre lo sugiere, la obra relata la travesía de Eneas, el príncipe troyano, tras su escape de la destruida Troya. Resulta muy interesante cómo Virgilio nos cuenta que fue una estrella la que guió a Eneas desde Troya hasta Cartago y luego al Lazio, a los orígenes de Roma. No se trata de cualquiera estrella, sino de la estrella de Venus, pues es la misma diosa la que guía la ruta de Eneas, “el hijo de Venus”. A los investigadores modernos no les ha costado mucho pesquisar la relación que establece Virgilio entre la estrella de Eneas y el sidus Iulium: se trata del mismo astro. Así como la divinidad guió a Eneas para fundar la nación romana, así también “la estrella de Julio” no es sino la estrella de Venus que lo declara un dios. Tras la muerte de Virgilio, Augusto se encargó de promocionar y exaltar su obra; La Eneida se volvió una pieza clave en la propaganda política del régimen imperial. La obra de Virgilio resaltaba precisamente la asociación del gens (familia, linaje) de Julio César con Venus y por tanto la conexión del mismo Augusto con los dioses: el Imperio era la voluntad de los dioses. Desde el inicio de su gobierno, en el 31 AC, Augusto no se cansó de grabar la imagen de Julio César y el sidus Iulium en estatuas, templos, mosaicos y monedas por todo el imperio. Los investigadores modernos han descubierto una creciente cantidad de monedas romanas del periodo con la efigie de César y la famosa estrella. Es indudable que para Augusto la estrella se convirtió en un asunto político-religioso de la mayor importancia, pues validaba con una aprobación divina la auctoritas de César y la suya propia. El éxito de su asociación con la divinidad se plasmó en el decreto del Senado que siguió a su muerte: el 14 DC el Senado lo declaró oficialmente divus Augustus (“divino Augusto”).

La historia del sidus Iulium o de la “estrella de Venus” es apenas un pequeño recordatorio de la importancia de las señales celestiales para confirmar los alegatos de autoridad de los gobernantes del mundo antiguo. Los esfuerzos de Augusto para difundir la asociación entre César y la famosa estrella fueron manifiestos para toda la población del Imperio. Herodes, el rey de Judea, debía su nombramiento real al favor de Augusto y sin duda que conocía muy bien la historia del sidus Iulium y su significado político-religioso. Con este trasfondo histórico podemos imaginar lo perturbador que debe haber sido para él la llegada de los magos del oriente guiados por una estrella que señalaba el nacimiento de un rey enviado por Dios. Notemos los términos en juego: estrella – rey – dios. Una historia familiar, ¿verdad? Sí, treinta años antes Herodes había conocido un relato muy similar difundido por la propaganda de Augusto… y miren los resultados. El ejemplo de César estaba muy fresco así que Herodes tenía buenas razones para estar preocupado: estrellas, dioses y reyes eran un cóctel político muy explosivo. Herodes concluyó lo que era evidente en el mensaje de los magos, el recién llegado sólo podía ser una amenaza a su autoridad y un peligro para la estabilidad político-religiosa de su reino. La reacción de Herodes ante el recién nacido debe entenderse a la luz del astrologizado mundo que habitaban Augusto, Herodes y compañía, un mundo donde no había espacio para más reyes o estrellas.

De seguro muchas veces nos habremos preguntado el porqué de la historia de la estrella de Belén, para qué se incluyó ese relato tan curioso en el evangelio de Mateo. Quizás el despliegue romano del sidus Iulium, pocas décadas antes del nacimiento de Cristo, nos ayude a hallar la respuesta. En el mundo grecorromano de la época los fenómenos celestes eran considerados parte de las credenciales de autoridad de quien pretendiera darse ínfulas de autoridad pública. Precisamente el recién nacido venía a ocupar el espacio público en Palestina, de modo que el que una estrella anunciara su nacimiento era muy apropósito para tal fin. Pero más importante aún, la estrella de Belén se nos aparece como un muy marcado contraste con el sidus Iulium. ¿Era la estrella de Belén parte de la polémica anti romana que hallamos a lo largo del Nuevo Testamento? Dicho de otro modo, ¿es la presentación de la estrella de Belén como una intervención divina en la historia una manera de desacreditar una señal falsa, el sidus Iulium? ¿Podríamos leer como si el evangelista nos dijera entre líneas: “Oigan, ustedes conocen esa historia de la estrella de César, pues es pura fantasía humana, un invento; esta señal en cambio es de verdad, aquí en serio va a nacer un Hombre-Dios, no como el falso dios, César, divinizado por los hombres?” El tema del mensaje anti romano del Nuevo Testamento escapa a nuestro breve análisis, pero el asunto es muy sugerente; mientras el mundo celebraba la “estrella de Venus” que convirtió en dios a un hombre, la estrella de Belén anunciaba que Dios mismo había venido a este mundo.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Navidad apocalíptica


En Historias de Navidad – ver diciembre 2010 – estudiábamos las distintas posibilidades que se han postulado a lo largo de los siglos para explicar el fenómeno de la estrella de Belén. Entre esas posibilidades astronómicas (meteorito, cometa, supernova, conjunción planetaria, conjunción planeta – estrella), nos parecía que las dos últimas presentaban aspectos que en parte explicarían la historia de la famosa estrella, pero concluíamos también que era muy difícil ser taxativos al respecto, pues subsisten aún demasiadas dudas y dificultades como para pretender dar por resuelto el misterio que rodea a la estrella de Belén. En esta ocasión retomaremos esa discusión, pero considerando otros fenómenos astronómicos que se presentaron cerca del tiempo del nacimiento de Cristo y que son objeto de otras interpretaciones un poco más “locas”, que conectan la lectura de pasajes del Nuevo Testamento con lo que pasaba en los cielos de Jerusalén. De las posibles explicaciones astronómicas para la estrella de Belén, una particularmente atractiva por su simbolismo es la conjunción entre Júpiter y la estrella Regulus. Resumiremos en lo que sigue los aspectos principales de esa conjunción (el lector puede consultar el detalle en el artículo citado):
  • Entre los años 3 AC y 2 AC Júpiter y Regulus tuvieron tres conjunciones, producto del movimiento retrógrado del planeta (aproximadamente septiembre del 3 AC, febrero-marzo del 2 AC y mayo del 2 AC).
  • El planeta Júpiter tenía un simbolismo real para los pueblos del cercano oriente, de donde procedían los magos.
  • El mismo simbolismo se le atribuía a la estrella Regulus, la más luminosa de la constelación de Leo, el León
  • La conjunción entre el planeta Rey y la estrella real de Leo debe haber sido un fuerte símbolo de realeza, de monarquía, para los magos.
  • Dada la larga estadía de los judíos en Mesopotamia, podemos asumir también que la identificación del León con Judá y en especial con el Mesías, bien pudo haber estado en conocimiento de los magos.
  • Para los magos, que suponemos eran entendidos en las prácticas astronómico-astrológicas del medio oriente, lo anterior debe haber transmitido un fuerte simbolismo.
La breve reseña anterior nos da pistas para conjeturar que la conjunción entre Júpiter y Regulus es un posible candidato para despertar la curiosidad y el interés de los magos, a los que suponemos expertos en la interpretación del simbolismo de los astros. Hasta aquí el repaso, veamos ahora qué es lo nuevo que podemos agregar a nuestro estudio y que hipotéticamente podría reforzar esta interpretación.

La teoría “loca” a la que aludimos antes tiene que ver con una cierta interpretación del texto del Nuevo Testamento, en particular del Apocalipsis y el relato de Mateo. Veamos primero el pasaje del Apocalipsis.

“Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. Y estando en cinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento… Y ella dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones; y su hijo fue arrebatado para Dios y para su trono”. Apocalipsis 12:1-5.

No hace falta ser un entendido en teología para leer el texto del Apocalipsis como una descripción del nacimiento de Jesús, el Mesías de Israel: una mujer en cinta, dolores de parto, un bebé perseguido, un niño que regirá a las naciones. Todo calza perfectamente con el relato de los evangelios, de modo que la mujer en cinta sería María y el hijo que nace, Jesús, el Hijo de Dios. Lo que sea el dragón que amenaza al recién nacido es motivo de polémica: unos creen que se trata de Herodes, otros que de Satanás (desde nuestro punto de vista, la interpretación más consistente con el resto del Apocalipsis). En cualquier caso, hasta aquí la interpretación doctrinal. Ahora comenzamos a desplegar la interpretación “astronómica” del texto citado. Hay quienes ven en el pasaje anterior más que un mero discurso profético-teológico; según este punto de vista, el lenguaje figurado del autor del Apocalipsis en realidad esconde pistas que describen el momento del nacimiento del Mesías, algo así como una descripción encriptada del día (o la noche) que nació Jesús. Veamos cómo esta teoría desmenuza el texto del Apocalipsis.

“Una mujer vestida del sol”. En septiembre del año 3 AC el sol comenzó su transitar por la constelación de Virgo, la Virgen, donde permaneció hasta los primeros días de Octubre. Según esta teoría, la críptica frase de Apocalipsis describe en realidad la situación del cielo sobre Judea para cuando nació Jesús, es decir, el momento del año cuando el sol pasa por la constelación de Virgo.




“… con la luna debajo de sus pies”. Precisamente la luna se desplazó por la constelación de Virgo de modo tal que hacia el 11 ó 12 de septiembre del 3 AC – al ponerse el sol por el cielo del oeste – se podía ver el disco lunar tenuemente iluminado por el sol, marcando la luna nueva, el inicio del mes de Tishri del calendario hebreo.




Resumiendo, a comienzos de septiembre del 3 AC, los magos habrían visto una señal extraordinaria: mirando hacia el este, un par de horas antes de la salida del sol, Júpiter, el planeta Rey, se acercó a Regulus, la estrella rey de la constelación de Leo. Para mediados de ese mes, prácticamente Júpiter y Regulus estaban en conjunción. ¿Qué significaba esto? Los magos, expertos en la lectura de los movimientos de los astros y en su interpretación, deben haber reparado en el lugar específico donde se produjo la conjunción: la constelación de Leo, el León. ¿Asociaron los magos al León con Judá? Probablemente, pues los judíos vivían en Mesopotamia desde el siglo VI AC, así que el lenguaje mesiánico hebreo, aquello del León de Judá, perfectamente pudo haber sido de su conocimiento. Que esta señal apuntaba a algo especial lo confirma – según esta teoría – el simbolismo de la constelación de Virgo y la posición del sol y la luna según la descripción de Apocalipsis 12. Los magos, convencidos de que algo ocurrirá en Judea, emprenden viaje para allá. Nueve meses más tarde, en Junio del 2 AC, cuando los magos llegan a Judea, se encuentran con otra extraordinaria conjunción, la de Júpiter y Venus. Como lo indicáramos antes, en mayo del 2 AC Júpiter deja atrás la estrella Regulus y a mediados de Junio de ese año tiene lugar la conjunción Júpiter- Venus (más específicamente entre el 15 y 18 de junio del 2 AC). Así, pues, la conjunción Júpiter-Regulus de septiembre del 3 AC habría puesto sobre aviso a los magos de que algo ocurriría en Judea y nueve meses más tarde (periodo que ocuparía el embarazo de María) los magos llegan a Jerusalén justo cuando otra notable conjunción (entre Júpiter y Venus) sería visible en las primeras horas después del ocaso, con una luminosidad que debió haber sido muy intensa y que podría explicar, por lo tanto, la estrella de Belén.

Hasta aquí la teoría, ahora la crítica. Así expuesta, la teoría suena sorprendente y cautivante: una notable sucesión de eventos astronómicos en que intervienen planetas y estrellas, una casta de sofisticados sabios orientales (los magos) y una críptica cita del Apocalipsis relativa a la virgen y al niño. El conjunto bien calificaría para una novela al estilo de “El Código da Vinci”. No se puede desconocer que, por así decirlo, hay muchos flancos abiertos en la historia que rodea a la estrella de Belén, por ejemplo en esos elusivos personajes que son los magos, sabios orientales – presumiblemente de Mesopotamia o Persia – que por cierto deben haber sido versados en la ciencia astronómico-astrológica milenaria en aquellas latitudes. Pero hagamos la tarea más fácil, dejemos de lado de momento los aspectos más complejos y volquemos la atención a lo que nos es más familiar. En este sentido, la crítica de la teoría encuentra terreno más firme cuando examinamos el pasaje de Apocalipsis 12. La identificación de la virgen de 12:1 con la constelación Virgo es prodigio de imaginación; sin embargo, su base escritural es casi nula. Hay que dar por descontado que el libro del Apocalipsis es uno de los de mayor complejidad en lo que a interpretación se refiere, pero también es cierto que hay ciertos principios básicos que cualquier estudiante puede manejar. Entre lo más elemental, hay que consignar que el autor del libro – a nuestro entender el apóstol Juan, pero en lo que hace a nuestro análisis no cambia mucho las cosas si no lo fuera – pretende ser consistente con la herencia profética de sus antecesores hebreos, es decir, si queremos escudriñar la profecía del Apocalipsis, haremos bien en revisar los patrones que definen a la profecía hebrea clásica, la que hallamos en el Antiguo Testamento. Pues bien, si nos diéramos el trabajo de repasar los escritos de los profetas hebreos, incluso sólo de aquellos citados o aludidos en el Apocalipsis, se nos haría evidente que no existe ningún antecedente del uso de imágenes zodiacales como simbolismos del lenguaje profético, lo que a su vez es bastante consistente con el inveterado rechazo del judaísmo a las prácticas astrológicas. Si el autor del Apocalipsis pretendía entregar su mensaje en línea con la tradición e imaginería profética del Antiguo Testamento – cosa de la que sí tenemos bastante certeza – entonces la introducción de una imagen zodiacal (la constelación de Virgo) en el relato de Apocalipsis 12 nos pondría frente a un quiebre profundo con el lenguaje del profetismo antiguo. Aunque es cierto que existen alegatos de usos astrológicos en el lenguaje bíblico – que por su naturaleza caen fuera de nuestro tema por ahora – lo cierto es que el uso de una constelación zodiacal en medio del texto del Apocalipsis se nos presenta como inconsistente con el formato de la comunicación profética veterotestamentaria (con la que el autor del Apocalipsis parece comprometido) y además provocaría un quiebre profundo con el mismo texto del Apocalipsis restante. En suma, no podemos pronunciarnos categóricamente en relación con los aspectos propiamente astronómicos de la teoría (si la estrella de Belén corresponde o no a una conjunción, o el papel de los planetas y estrellas que señala la teoría), pero lo que sí podemos descartar casi con certeza es la identificación de la virgen de Apocalipsis 12 con una constelación zodiacal. Una vez más, la historia que rodea a la estrella de Belén sigue envuelta en el misterio.

Reloj Mundial

Ciudad de Mexico

Bogotá

Madrid

Buenos Aires

Temuco

Apocryphicity

New Publications by ETS Members